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Testimonio de Adela Tovar

Adela es la señora con el pañuelo blanco en la cabezaProcedentes de Monterrey, México, Adela, su esposo y sus cuatro hijos arribaron a Alto, en el estado de Georgia, para trabajar arduamente con la esperanza de construir un futuro mejor para sus hijos.

Unos amigos invitaron a Adela y su familia a una reunión de hogar --una comunidad de fe, un grupo de confraternidad y oración relacionado con la Iglesia Metodista Unida de Cornelia. Los recién llegados disfrutaron mucho de esa experiencia y se sintieron muy cómodos, como "en familia". El énfasis de esa actividad consistió en que los presentes se conociesen, compartiesen entre sí, estudiasen la Biblia, orasen por las necesidades del grupo y sus familias y además pasasen un momento agradable de compañerismo cristiano.

Fue precisamente alrededor de esos días, en enero de 2006, que Adela se examinó preventivamente y sintió algo raro en un seno, algo como una masa que siguió creciendo durante las semanas siguientes. Entre abril y mayo visitó a su médico. El resultado de la mamografía no fue para nada alentador; en efecto, el médico le confirmó que lo que tenía era cáncer. Fueron momentos muy difíciles para Adela y su familia. Días y noches de angustia mientras esperaban los resultados y un golpe muy duro cuando le dieron el diagnóstico.

A pesar de la sorpresa y la ansiedad de esos días, Adela no se desmoralizó ni perdió su esperanza y su gozo. Por el contrario, ella y su familia se unieron aún más entre sí y pudieron derrotar los temores que su nueva situación traía consigo. Su comunidad de fe envolvió a Adela y su familia en sus brazos de amor y apoyo, y el día antes de su operación la visitaron en su casa para orar por ella.

Durante las semanas siguientes, Adela pasó por tres operaciones y comenzó el tratamiento de quimoterapia y radiación. Fueron semanas de prueba, pero en todo momento Adela se sintió muy cerca de Dios. Su comunidad de fe se convirtió en un instrumento sanador y poderoso de Dios. Sus hermanos y hermanas la visitaron cada semana, ofreciéndole no sólo sus oraciones sino también toda clase de apoyo y ayuda.

Diez meses más tarde, tras haber concluido su tratamiento, Adela testificó públicamente en un culto especial de acción de gracias por su salud restaurada. Su esposo se ha comprometido con el Señor y su obra. Adela ha notado un cambio muy importante en él y en sus hijos. Ahora todos asisten juntos a la iglesia. Su gratitud al Señor es inmensa. Adela le da gracias a Dios incluso por todas las pruebas que ella y su familia tuvieron que pasar, porque en medio de ellas siempre sintieron la presencia de Dios como nunca antes. También le da gracias infinitas a Dios por sus hermanos y hermanas de su comunidad de fe, una comunidad que ha jugado un papel tan decisivo durante esos largos meses y que con el paso del tiempo se ha convertido en el rostro mismo de su iglesia. Gracias a esa comunidad de fe, Adela y su familia han podido sentir día tras día, y en todo momento, no sólo la presencia de su iglesia en su propio hogar sino también la presencia tangible de Dios en medio de sus vidas.

Foto: Adela es la señora con el pañuelo blanco en la cabeza, la segunda de la derecha. Este es el grupo de damas en la iglesia que asisten a la comunidad de fe.